La música del terror

La música es una parte totalmente importante en el cine. Ya en sus inicios, con aquel cine mudo, las notas de los instrumentos in vivo permitían al espectador situarse en la escena para transmitir miedo, sorpresa, tristeza o alegría, entre otras tantas emociones. Lo cierto es que la música y el cine comparten diversos procesos mentales que permiten incrementar la emocionalidad de estas remarcando en momentos concretos de la película.

¿Qué sería un drama sin el suave sonido de las cuerdas del violín?

Pensemos en un momento en la mítica película Tiburón (Jaws, 1975) que ganó un Óscar en su 45th edición a la mejor Banda Sonora (BSO). Este film ha pasado a ser uno de los clásicos indiscutibles del cine de terror y suspense que, además, ha iniciado una larga saga de películas que continúan hasta la actualidad. Aquella BSO, compuesta por John Williams, es un símbolo de la majestuosidad y poder que transmite un animal tan temido como es el tiburón. Y este fue el objetivo de Williams quien se centró en un registro muy alto que permitiera transmitir su aspecto amenazante. Hoy por hoy, resulta inevitable pensar en un tiburón, deslizándose sobre las aguas del mar, sin que vaya acompañado de esta melodía. Personalmente, aún sigo subiendo la música al máximo para disfrutar de esta obra del séptimo arte más de 45 años después de su estreno.

¿Y qué me dices de El Padrino (The Godfather, 1972)? O… ¿Star Wars (1977)? Seguro que ahora mismo estás pensando en esas notas emblemáticas que caracterizan a estas películas. La música nos conecta directamente con nuestros recuerdos. Estudios en pacientes diagnosticados con Enfermedad de Alzheimer han demostrado que la música permite evocar recuerdos de la memoria lejana, siendo una consecuencia de la emocionalidad que provocan las notas.  

La música nos conecta con nuestros recuerdos

Nunca me había terminado de percatar de la importancia de la música hasta que vi el filme de terror Insidious (2010). Ya sé, un poco tarde, pero mejor tarde que nunca.  

Joseph Bishara fue el encargado de componer la BSO de esta película. La canción fue interpretada por un cuarteto y un piano, que pasaban del completo silencio al ruido más estridente mezclando el violín atonal y rasposo, con golpes bruscos de piano que hacían saltar del asiento al espectador. De acuerdo con el propio compositor, su idea era que pasaras del completo suspense al “¿Qué acaba de pasar?”. Además, debo destacar la melodía “Tiptoe Through the Tulips” de Tiny Tim (1968) cuyas notas fuertes con el ukelele hicieron que se me pusieran los pelos de punta.  Es inevitable estremecerse con el sonido macabro de esta canción, la misma se ha visto relacionada con diversos eventos paranormales. Algunos creen que la propia canción está maldita.

Para poder adentrarme con mayor profundidad en esta temática, he revisado el libro Music in the Horror Film: Listening to Fear (2009), editado por Neil Lerner y publicado por Routledge. Es un libro que recomiendo si quieren ampliar más en estas ideas. El libro, no solo se centra en las películas de terror, sino que también considera los videojuegos, la televisión y los nuevos medios, términos que se han mencionado anteriormente en otros posts.

La música compuesta para el género de terror tiene el objetivo principal de desconcertar y sorprender a sus espectadores.

La música compuesta para el género de terror tiene el objetivo principal de desconcertar y sorprender a sus espectadores. Este efecto ha sido estudiando ampliamente en la psicología mediante el denominado “Sobresalto potenciado por el miedo” (SPM). Este es una reacción fisiológica refleja consecuencia de un estímulo que resulta novedoso y no esperado. El SPM es de naturaleza auditiva (por ejemplo, esos denominados “golpes” estridentes que mencionaba Joseph Bishara) o visual (por ejemplo, la aparición de un estímulo no esperado como un espíritu). La respuesta, completamente natural, incluiría una velocidad del parpadeo e incremento de la frecuencia cardiaca. Es decir, la música resulta un elemento tremendamente fundamental, la misma se coordina con la imagen y generan en nuestro cuerpo una auténtica respuesta fisiológica. Esto es algo difícil de alcanzar en otros géneros del séptimo arte. Según Lerner, los espectadores encuentran satisfacción al estar aterrorizados por secuencias que llegan a ser tanto realistas como increíbles, dado que el sentimiento de horror que transmiten se crea a partir del conocimiento del espectador que el filme no es real. El libro explora la forma en la que diferentes expertos tanto en la BSO, como en el guion y dirección de las películas, ha podido transmitir esta emoción. Algunas de las películas que se exploran en este libro son El exorcista (The Exorcist, 1973) o Psycho (1960),entre otras.A través de sus páginas, el lector podrá ir reflexionando sobre la participación de la música en el género y, concretamente, entre las diferentes secuencias de las mismas explotando recursos como la atonalidad, la disonancia no resuelta, los golpes instrumentales, entre otras técnicas cuyo objetivo final es el mismo, hacernos temblar.

Por lo tanto, si estás pensando en ver una buena película de terror, no olvides subir al máximo el volumen y apagar las luces para disfrutar al máximo de la experiencia.

El saco roto de la ciencia moderna

“La ciencia está atascada desde hace veinticinco años”. Decía René Thom allá por el 1991 y, ahora, es más evidente que nunca.

La ciencia se encuentra en un círculo vicioso que retroalimenta la mediocridad. Millones de euros, libras, dólares, etc., son vertidos a un enorme saco con un orificio en su base. Todo lo que entra, sale. Pero la ciencia moderna es así; funciona con números, olvida la calidad para premiar la cantidad, y favorece los contactos frente al potencial.

Probablemente, si está leyendo este artículo de opinión (subrayo y puntualizo que es una opinión), es porque se esté replanteando algunas ideas similares. Contextualicemos, lleva más de 20 años sentado frente al mismo escritorio, pensando en aquella idea que le hizo entregarse a la ciencia y que aún sigue sin estar resuelta. O, tal vez, es un estudiante que acaba de adentrarse en el apasionante mundo de la ciencia y está descubriendo cosas turbias en las que no se percató cuando era realizaba su trabajo final de grado/máster. Por otro lado, puede que sea una mente brillante que lleve toda su vida produciendo y trabajando con ímpetu para tener un CV espectacular, y está esperando llegar a esa línea, esa coma o esa tilde, que pueda rebatirme y criticarme con unas amargas letras a través de la pantalla. En cualquiera de los casos, estoy encanta de escuchar opiniones, al igual que usted está leyendo la mía. Aquí hemos venido a crear conocimiento, no a imponer ideas. Ese es el objetivo de la ciencia, ¿o no?

Le voy a ir explicando, paso por paso, cómo he llegado a la conclusión de que la ciencia es un saco roto. En este punto, es crucial añadir que mis comentarios se contextualizan a la ciencia en España y, asimismo, si hago mención a otro país lo aclararé. Por otro lado, dada mi experiencia, la mayoría de los comentarios serán en el campo de la Ciencias de la Salud y/o Ciencias.

Comencemos por el principio.

Un brillante estudiante de grado/licenciatura con una mente prodigiosa para memorizar material inservible para él, y que en este momento ya lo ha olvidado prácticamente todo, solicita una beca de estudios para el doctorado (FPU/FPI). ¿Por qué? Pues me atrevo a decir con casi total seguridad que porque puede, porque sabe que va a tener un contrato de trabajo de 1.000/1.500 euros mensuales durante 4 años, o más. Además, porque va a estar bajo la tutela del que fue su director de TFG/TFM y tendrá el camino hecho. El estudiante solo tendrá que seguir los pasos de director, y completar cada experimento cuidadosamente diseñado. Dejando a un lado que el estudiante de doctorado pasa a ser un mero esclavo del director, dado que en escasas ocasiones escucha a su pupilo, me gustaría centrarme en cómo se ha llegado a esta situación.

En España, existen dos tipos de becas públicas, principalmente, la beca FPI y la beca FPU. La primera depende de que el grupo de investigación que la solicita tenga proyectos que, a su vez, depende de la investigación en sí y del CV del IP que la solicita. Por otro lado, la beca FPU depende, en primer lugar, única y exclusivamente de la nota media del estudiante y, posteriormente, del CV del director. Ambas dos becas dependen, por lo tanto, de esa supuesta calidad investigadora del director que se evalúa en función del número de artículos publicados y dónde son publicados. Pensemos durante un momento en ese pequeño grupo que acaba de empezar, que desea romper la línea de investigación que se lleva en el gran grupo desde hace más de 50 años y, que cree en generar conocimiento. Se encuentra con varios problemas, el primero que su CV no tiene nada con respecto a esa “nueva línea” y, segundo, que probablemente no es tan potente como el director del gran grupo. ¿Entonces? Aquí llegamos a la primera conclusión de mis pensamientos. Se fomenta la misma línea y el mismo conocimiento, siendo duramente castigados a los que quieren alejarse de dicha línea. Solo los “grandes grupos” son los que pueden tener esclavos y continuar con el trabajo. Los apasionados por la ciencia deben conformarse con hacer horas extras para conseguir datos que le permitirán, con suerte, de aquí a que se jubilen sacar un proyecto nuevo.

Volviendo al estudiante de doctorado, pensemos durante un momento en aquellos alumnos (que son la gran mayoría) que no han alcanzado el mínimo para tener una FPU/FPI, pero que les apasiona la ciencia. ¿Qué ocurre? 1) Dejan la ciencia o, 2) Deciden seguir trabajando sin contrato y/o contrato a media jornada (falso, porque echan más) o 3) Deciden realizar su doctorado al mismo tiempo que trabajan (ahora mismo, estoy mirando hacia arriba mientras que pienso en este grupo de subesclavos, porque no llegan ni a esclavos. Mucho ánimo, campeones.). Es decir, tenemos a un grupo de personas que sienten devoción autentica por la ciencia y que están dispuestos a sacrificar hasta su ultimo gramo de cordura mental. ¿Por qué? Porque creen en la ciencia. ¿Para qué? Para nada. En cuanto terminen su doctorado, dado que no han tenido una beca FPU/FPI, no tendrán ningún contrato puente o ayuda mientras sacan una beca posdoctoral (difícilmente alcanzable dado que no tuvieron una de estas prestigiosas becas). Volveremos al punto 1. “Dejan la ciencia”, quizás por un tiempo o quizás para siempre.

¿Entienden cómo llegamos a la idea? Los mismos grupos van recibiendo subvenciones y son los únicos que tienen estudiantes. Todos los estudiantes que no forman parte de estos grupos, o los investigadores que se alejan de esta línea, deberán conseguir las siete bolas de dragón, tirar el anillo en el Monte del Destino y vender su alma a Belcebú para continuar con lo que ellos creen que es ciencia. Al final, nos encontramos con un individuo que se acerca a los 40, y que ha dedicado la mitad de su vida a la amada ciencia, arrastrándose por contratos temporales de mierda.

“Es que la ciencia es así” “Eso lo hemos tenido que pasar todos” Si en lugar de estudiar una carrera, hacer un máster y un doctorado, se hubieran metido de cajeros en el Mercado, ahora mismo tendrían un trabajo fijo con menos horas de trabajo y, probablemente, más sueldo. Triste.

Digamos que se ha decidido prostituir lo suficiente a la ciencia. ¡Al fin consigue un puesto en una universidad! Está sentado en ese escritorio pensando, ¿Ahora qué? ¡Vamos a crear ciencia!

*Entra un hada con alas, traje de oficina y un puñado de folios y carpetas*

  • Un segundo, antes de continuar con la ciencia debe completar toda estas horas de docencia, llevar aproximadamente unos treinta TFG/TFM y alguna tesis doctoral. Además, las horas de docencia son de evaluación continua, o sea que debe llevar prácticas, corregir trabajos y exámenes, hacer las clases dinámicas, a la vez que instructivas, que los alumnos no se aburran, pero que tampoco se piensen que es un cachondeo esto.
  • Pero, ¿Cuándo le dedicaré tiempo a la ciencia?
  • Usted verá, aunque… –  El hada revisa entre su puñado de papeles- Sí que necesita publicaciones para los sexenios.
  • ¡Si solo estoy contratado 8h/día!
  • ¿Tiene familia? ¿Hijos?
  • Sí.
  • Olvídese de ellos. Ahora su alma nos pertenece. Vaya pidiendo el divorcio, o sea un profesional de mierda. Usted elige. Nosotros SOLO le pedimos que lleve su docencia, al tiempo que alumnos, al tiempo que la investigación, y que todo sea de calidad.

Enhorabuena, formas parte del saco roto de la ciencia. *Aplausos, champán (de tu bolsillo dado que el departamento no tiene para más) y confeti (hecho con los trabajos de alumnos que se leyó por encima)*

En estos momentos, me gusta pensar en Alexander Fleming o en Marie Curie, en sus pequeños y sucios laboratorios haciendo ciencia; arriesgando, fallando y acertando en cada paso que daban, con algún que otro fallecido por el camino. ¿Imaginan eso hoy día? Me gusta pensar en Alexander Fleming, inyectando las primeras dosis de penicilina a Orvan Hess y Bumstead Juan, y apareciendo comités éticos, junto a la prensa, que no dejan de cuestionarse cada uno de sus pasos.

  • ¿Está seguro de que eso se puede probar en humanos? Quiero decir, ¿Va a inyectar un hongo? Puto asco, ¿no?
  • Y por no hablar de si sus resultados son generalizables. ¿Va a arriesgar vidas humanas?
  • ¿Y esa supuesta “vacuna” no será una forma de controlar la mente?
  • Eso, eso, ¿no querrá sacarnos nuestros secretos más profundos?
  • Si quiere saber secretos.¾ Susurra.¾ Yo creo que éste copió en un examen de la carrera.
  • ¡Dios mío! ¡Qué agotador! ¾ Grita Fleming e, instintivamente, tira la vacuna al suelo.

La ciencia se coge de la mano con la sociedad. Una sociedad que, hoy día, ve de la ciencia un negocio. Actualmente, nos encontramos en una situación de pandemia en la que grupos de todo el mundo han demostrado su potencial investigador. Hemos demostrado que somos capaces de salvar vidas, de hacer grandes cosas, pero la sociedad no para de rechazarlo. Nada es tan bueno como para ser real. ¿No? Además, tengo el apoyo indiscutible de este grupo de Facebook con personas que saben secretos de Estado y están dispuestos a publicarlos a cambios de un par de nudes.

Recuerden, cada vez que alguien dice que la vacuna del COVID19 es una farsa, un joven científico llora mientras prepara docencia online de calidad, corrige trabajos, tiene reuniones de departamento y olvida cómo era su vida antes de entregar su alma a la ciencia.

El paradigma del terror

El terror es un género que no pasa desapercibido en la industria del entretenimiento. Espectadores pagan por ver en una gran pantalla imágenes desagradables relacionadas con sus mayores temores: muerte, vida más allá, sangre, desmembramientos, entre otros. Es más, autores como Stephen King, Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft, quienes son una eminencia en la literatura, son capaces de adentrarse en lo más profundo de nuestro inconsciente en tan solo unas líneas. Así, si en condiciones “normales”, una situación desagradable debería conducir a una respuesta de rechazo. ¿Qué es lo que tiene para enganchar a millones de personas?

Siendo más específicos, el visionado del cine de terror induce altos niveles de angustia, ansiedad y nerviosismo. Por lo tanto, ¿por qué millones de personas acuden voluntariamente a visualizar un contenido que les causa malestar? ¿Ver este cine nos permite limpiarnos de las emociones negativas? ¿O no es más que una forma de exponer  nuestras emociones reprimidas?

Un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad de Pensilvania ha revisado la relación entre el cine de terror y los rasgos de personalidad en más de mil participantes. La paradoja del horror, como lo llaman ellos, es un fenómeno algo complejo. Es decir, no es lo mismo leer un libro de H. P. Lovecraft a solas en casa, que acudir a una mansión encantada con un grupo de amigos. El terror es solitario y social al mismo tiempo. Por otro lado, existen claras diferencias entre películas con contenido sobrenatural (por ejemplo, espíritus) frente a otras con material natural (por ejemplo, una masacre o asesinos en series).

¿Qué es lo que hace que nos guste un tipo de terror frente a otro?

Los investigadores encontraron que el consumo de este género está asociado con la búsqueda de sensaciones, además de con la estimulación intelectual e imaginativa. Por lo tanto, estos resultados apoyan las teorías de masoquismo benigno que señalan que las situaciones de amenaza simulada conllevan una estimulación emocional negativa. Es decir, exponernos a situaciones de amenaza virtuales (por ejemplo, libros, películas o videojuegos) nos permite adaptarnos y prepararnos a situaciones plausivamente reales. Concretamente, en el caso del terror sobrenatural frente al natural, se encontró que las personas con creencias hacia lo paranormal suelen buscar ese contenido, mientras que otros con pocas convicciones hacia lo sobrenatural prefieren otros medios de terror “más real”.

Otras medidas que han correlacionado con el género de terror han sido el sexo masculino y los grupos jóvenes de edad. Aunque estas medidas se han relacionado con un consumo social. Mientras grupos de personas se reúnen para ir a un bar o discoteca, otros prefieren disfrutar de la compañía, al mismo tiempo que tienen algún que otro susto.

Entonces, ¿Cuál es la fórmula del terror?

Las mejores obras de horror comparten tres aspectos que las hacen inmejorables: El miedo, la sorpresa y la anticipación. Aunque, claro está, dependerá del tipo de terror que te guste.

Por lo tanto, si cada vez que abres una plataforma de streaming, como Netflix, Prime Video o HBO, lo primero que haces es buscar películas de terror, no te preocupes, no tienes ninguna psicopatología grave. Simplemente formas parte del complejo, multidimensional y multifacético mundo del horror.