Aqua

El ingrediente secreto de la Tierra. Curiosa molécula que, inevitablemente, tomó una forma líquida desencadenando una serie de acontecimientos que influyó en el desarrollo y mantenimiento de toda una forma de vida.

Sólida. Ordenada y ligada con otras en forma de cubo.

Líquida. Desordenada, incompresible y rompible para tomar la forma que lo contiene.

Gaseosa. Reina del caos. La completa anarquía para ocupar todo el espacio de una forma invisible.

Desde su forma más estricta hasta la más desordenada, es la masa madre de lo que somos. El agua recuerda la alegría y la tristeza. También es el ingrediente de canciones y poemas que inmortalizan con penumbra cómo la lluvia cae sobre todos por igual, sin importar la clase social o el grueso de su billetera. El agua es la balanza más ciega que existe.

El agua es vida y es muerte, siendo los engranajes que permiten que todo funcione. A pesar de ello, llenamos sus uniones de oxígeno e hidrógeno de plástico y basura.

¿Quiénes somos para morder la mano que nos da de comer?

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El paradigma de los sueños

Debes de estar preparado para arder en tu propio fuego: ¿Cómo sino podrías renacer sin haberte convertido en cenizas?

Mi inspiración científica y divulgadora proviene de una figura emblemática en el área de la psicología y las neurociencias: Sigmund Freud. Un personaje que obvió las críticas del momento y fue capaz de mirar más allá. Freud me enseñó que dentro de la ciencia no hay que olvidar la creatividad, dado que ésta es la que permite salirse de los límites y poder alcanzar metas inigualables, como las que le llevaron a ser una figura referente en toda una línea de conocimiento.

Así, dejando de lado la evolución que han tenido las neurociencias, y concretamente la psicoterapia, es importante destacar que él aporto la chispa creativa a una ciencia basada en lobotomías, baños fríos y terapias electroconvulsivas. Por otro lado, sus escrituras, en un refinado alemán, permiten que la propia interpretación del lector lleve a diferentes ideas y líneas de pensamiento totalmente diferentes.

Para mí, Sigmund Freud fue uno de los grandes pioneros de su momento que, actualmente, se encuentra muy infravalorado. Dentro de las artes y las ciencias, supone el ejemplo de que el verdadero investigador no es aquel que se pasa toda su vida centrado en un área extensamente estudiada, sino aquel que es capaz de incluir en su investigación conocimientos y enseñanzas que quizás se salen de su espacio de confort.

Finalmente, os recomiendo el libro de Irvin D. Yalom, “El día que Nietzsche lloró” como un ejemplo narrativo de la imagen de un Freud novato que empieza a conocer lo que es investigar. Quizás, y solo digo quizás, seamos capaz de dejar de ver la ciencia como un entorno de competencia y más como uno de colaboración entre profesionales.

El límite del altruismo

Andrés nació en una familia de 4: mamá, papá, su hermano menor y él, siendo la cooperación y el altruismo un aspecto fundamental en la convivencia familiar. Cada mañana, Andrés cortaba la barra de pan en 4 trozos exactos para cada uno de los miembros. Incluso si algún día la barra de pan era más pequeña de lo normal, cedía su trozo a su padre, pues era el principal sustento de la familia. Era lo que debía hacer. Era lo que le habían enseñado.

Una mañana, Andrés decidió recorrer el bosque cercano de su casa para pasar la tarde. Cuando se acercó al río que recorría la ciudad, se percató de que un pequeño gatito blanco de apenas unos meses se estaba ahogando.

Debo rescatarlo. Pensó. Después, le contaré a mi hermano como rescaté heroicamente a aquel animal.

Al bajar entre el fango y las hojas secas de los árboles, se percató de la dificultad de aquella heroicidad.

Si intento rescatarlo, realmente mi vida está en juego ¿Me merece la pena aquel acto altruista?

En su cabeza resonaban nuevamente las palabras de su madre.                 

  • Tienes que ser una buena persona, tienes que ayudar a los demás.

Por lo tanto, era su deber el de ayudar a aquel gatito.

Pero si le digo a mi hermano que rescaté el gatito, ¿es un acto altruista? Pues en el pensamiento de Andrés, fardar por una heroicidad restaba todo el valor de lo que suponía ser altruista. Es más, consideró la dificultad de ser realmente altruista pues cualquier acto de este tipo requiere un refuerzo social que bloquea por completo el altruismo.

Metido en el río con el agua a la cintura y agarrado a una raíz de un árbol que sobresalía, consiguió sujetar a aquel gatito que, congelado y temblando del miedo, se subió sobre su cabeza utilizando sus afiladas uñas para trepar. Andrés se asustó ante aquel comportamiento animal y se soltó de la raíz que lo mantenía en tierra para cubrirse las heridas. La corriente lo desplazó unos metros hasta que el tronco de un árbol lo bloqueó. Apenas fueron unos segundos en los que Andrés pensó:

Es muy difícil ser altruista, pues ser buena persona tiene sacrificios que no son reconocidos ni valorados puesto que ese propio reconocimiento haría que no sería altruista.

El verdadero altruismo jamás se conoce, pues en el momento que se conoce deja de ser altruismo.

¿Dónde está el límite entre el altruismo y el egoísmo?