El paradigma de los sueños

Debes de estar preparado para arder en tu propio fuego: ¿Cómo sino podrías renacer sin haberte convertido en cenizas?

Mi inspiración científica y divulgadora proviene de una figura emblemática en el área de la psicología y las neurociencias: Sigmund Freud. Un personaje que obvió las críticas del momento y fue capaz de mirar más allá. Freud me enseñó que dentro de la ciencia no hay que olvidar la creatividad, dado que ésta es la que permite salirse de los límites y poder alcanzar metas inigualables, como las que le llevaron a ser una figura referente en toda una línea de conocimiento.

Así, dejando de lado la evolución que han tenido las neurociencias, y concretamente la psicoterapia, es importante destacar que él aporto la chispa creativa a una ciencia basada en lobotomías, baños fríos y terapias electroconvulsivas. Por otro lado, sus escrituras, en un refinado alemán, permiten que la propia interpretación del lector lleve a diferentes ideas y líneas de pensamiento totalmente diferentes.

Para mí, Sigmund Freud fue uno de los grandes pioneros de su momento que, actualmente, se encuentra muy infravalorado. Dentro de las artes y las ciencias, supone el ejemplo de que el verdadero investigador no es aquel que se pasa toda su vida centrado en un área extensamente estudiada, sino aquel que es capaz de incluir en su investigación conocimientos y enseñanzas que quizás se salen de su espacio de confort.

Finalmente, os recomiendo el libro de Irvin D. Yalom, “El día que Nietzsche lloró” como un ejemplo narrativo de la imagen de un Freud novato que empieza a conocer lo que es investigar. Quizás, y solo digo quizás, seamos capaz de dejar de ver la ciencia como un entorno de competencia y más como uno de colaboración entre profesionales.

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