El primer beso

El primer beso me lo lanzó con la mirada, con aquellos grandes ojos añiles que brillaban al encontrarse con los míos. Me había imaginado como sería el primer beso. La magia de la ficción y el miedo en el suave tacto era algo que me hacían temblar. Un hormigueo nervioso se movía en mi vientre deseando soltar las mariposas que yacían desde la primera cita. Me imaginé aquel beso como la fase final de una dulce metamorfosis que solo ocurría con el primer amor. Sin embargo, aquellas mariposas nunca llegaron a notar la luz del sol en sus suaves alas, pues para poder salir primero deben de haber posado sus huevos. El primer beso no fue como el que largas noches de insomnio había escrito en mi diario. Esperé impaciente la magia y pasión del primer beso cuando apareció el verdadero primer amor.