El saco roto de la ciencia moderna

“La ciencia está atascada desde hace veinticinco años”. Decía René Thom allá por el 1991 y, ahora, es más evidente que nunca.

La ciencia se encuentra en un círculo vicioso que retroalimenta la mediocridad. Millones de euros, libras, dólares, etc., son vertidos a un enorme saco con un orificio en su base. Todo lo que entra, sale. Pero la ciencia moderna es así; funciona con números, olvida la calidad para premiar la cantidad, y favorece los contactos frente al potencial.

Probablemente, si está leyendo este artículo de opinión (subrayo y puntualizo que es una opinión), es porque se esté replanteando algunas ideas similares. Contextualicemos, lleva más de 20 años sentado frente al mismo escritorio, pensando en aquella idea que le hizo entregarse a la ciencia y que aún sigue sin estar resuelta. O, tal vez, es un estudiante que acaba de adentrarse en el apasionante mundo de la ciencia y está descubriendo cosas turbias en las que no se percató cuando era realizaba su trabajo final de grado/máster. Por otro lado, puede que sea una mente brillante que lleve toda su vida produciendo y trabajando con ímpetu para tener un CV espectacular, y está esperando llegar a esa línea, esa coma o esa tilde, que pueda rebatirme y criticarme con unas amargas letras a través de la pantalla. En cualquiera de los casos, estoy encanta de escuchar opiniones, al igual que usted está leyendo la mía. Aquí hemos venido a crear conocimiento, no a imponer ideas. Ese es el objetivo de la ciencia, ¿o no?

Le voy a ir explicando, paso por paso, cómo he llegado a la conclusión de que la ciencia es un saco roto. En este punto, es crucial añadir que mis comentarios se contextualizan a la ciencia en España y, asimismo, si hago mención a otro país lo aclararé. Por otro lado, dada mi experiencia, la mayoría de los comentarios serán en el campo de la Ciencias de la Salud y/o Ciencias.

Comencemos por el principio.

Un brillante estudiante de grado/licenciatura con una mente prodigiosa para memorizar material inservible para él, y que en este momento ya lo ha olvidado prácticamente todo, solicita una beca de estudios para el doctorado (FPU/FPI). ¿Por qué? Pues me atrevo a decir con casi total seguridad que porque puede, porque sabe que va a tener un contrato de trabajo de 1.000/1.500 euros mensuales durante 4 años, o más. Además, porque va a estar bajo la tutela del que fue su director de TFG/TFM y tendrá el camino hecho. El estudiante solo tendrá que seguir los pasos de director, y completar cada experimento cuidadosamente diseñado. Dejando a un lado que el estudiante de doctorado pasa a ser un mero esclavo del director, dado que en escasas ocasiones escucha a su pupilo, me gustaría centrarme en cómo se ha llegado a esta situación.

En España, existen dos tipos de becas públicas, principalmente, la beca FPI y la beca FPU. La primera depende de que el grupo de investigación que la solicita tenga proyectos que, a su vez, depende de la investigación en sí y del CV del IP que la solicita. Por otro lado, la beca FPU depende, en primer lugar, única y exclusivamente de la nota media del estudiante y, posteriormente, del CV del director. Ambas dos becas dependen, por lo tanto, de esa supuesta calidad investigadora del director que se evalúa en función del número de artículos publicados y dónde son publicados. Pensemos durante un momento en ese pequeño grupo que acaba de empezar, que desea romper la línea de investigación que se lleva en el gran grupo desde hace más de 50 años y, que cree en generar conocimiento. Se encuentra con varios problemas, el primero que su CV no tiene nada con respecto a esa “nueva línea” y, segundo, que probablemente no es tan potente como el director del gran grupo. ¿Entonces? Aquí llegamos a la primera conclusión de mis pensamientos. Se fomenta la misma línea y el mismo conocimiento, siendo duramente castigados a los que quieren alejarse de dicha línea. Solo los “grandes grupos” son los que pueden tener esclavos y continuar con el trabajo. Los apasionados por la ciencia deben conformarse con hacer horas extras para conseguir datos que le permitirán, con suerte, de aquí a que se jubilen sacar un proyecto nuevo.

Volviendo al estudiante de doctorado, pensemos durante un momento en aquellos alumnos (que son la gran mayoría) que no han alcanzado el mínimo para tener una FPU/FPI, pero que les apasiona la ciencia. ¿Qué ocurre? 1) Dejan la ciencia o, 2) Deciden seguir trabajando sin contrato y/o contrato a media jornada (falso, porque echan más) o 3) Deciden realizar su doctorado al mismo tiempo que trabajan (ahora mismo, estoy mirando hacia arriba mientras que pienso en este grupo de subesclavos, porque no llegan ni a esclavos. Mucho ánimo, campeones.). Es decir, tenemos a un grupo de personas que sienten devoción autentica por la ciencia y que están dispuestos a sacrificar hasta su ultimo gramo de cordura mental. ¿Por qué? Porque creen en la ciencia. ¿Para qué? Para nada. En cuanto terminen su doctorado, dado que no han tenido una beca FPU/FPI, no tendrán ningún contrato puente o ayuda mientras sacan una beca posdoctoral (difícilmente alcanzable dado que no tuvieron una de estas prestigiosas becas). Volveremos al punto 1. “Dejan la ciencia”, quizás por un tiempo o quizás para siempre.

¿Entienden cómo llegamos a la idea? Los mismos grupos van recibiendo subvenciones y son los únicos que tienen estudiantes. Todos los estudiantes que no forman parte de estos grupos, o los investigadores que se alejan de esta línea, deberán conseguir las siete bolas de dragón, tirar el anillo en el Monte del Destino y vender su alma a Belcebú para continuar con lo que ellos creen que es ciencia. Al final, nos encontramos con un individuo que se acerca a los 40, y que ha dedicado la mitad de su vida a la amada ciencia, arrastrándose por contratos temporales de mierda.

“Es que la ciencia es así” “Eso lo hemos tenido que pasar todos” Si en lugar de estudiar una carrera, hacer un máster y un doctorado, se hubieran metido de cajeros en el Mercado, ahora mismo tendrían un trabajo fijo con menos horas de trabajo y, probablemente, más sueldo. Triste.

Digamos que se ha decidido prostituir lo suficiente a la ciencia. ¡Al fin consigue un puesto en una universidad! Está sentado en ese escritorio pensando, ¿Ahora qué? ¡Vamos a crear ciencia!

*Entra un hada con alas, traje de oficina y un puñado de folios y carpetas*

  • Un segundo, antes de continuar con la ciencia debe completar toda estas horas de docencia, llevar aproximadamente unos treinta TFG/TFM y alguna tesis doctoral. Además, las horas de docencia son de evaluación continua, o sea que debe llevar prácticas, corregir trabajos y exámenes, hacer las clases dinámicas, a la vez que instructivas, que los alumnos no se aburran, pero que tampoco se piensen que es un cachondeo esto.
  • Pero, ¿Cuándo le dedicaré tiempo a la ciencia?
  • Usted verá, aunque… –  El hada revisa entre su puñado de papeles- Sí que necesita publicaciones para los sexenios.
  • ¡Si solo estoy contratado 8h/día!
  • ¿Tiene familia? ¿Hijos?
  • Sí.
  • Olvídese de ellos. Ahora su alma nos pertenece. Vaya pidiendo el divorcio, o sea un profesional de mierda. Usted elige. Nosotros SOLO le pedimos que lleve su docencia, al tiempo que alumnos, al tiempo que la investigación, y que todo sea de calidad.

Enhorabuena, formas parte del saco roto de la ciencia. *Aplausos, champán (de tu bolsillo dado que el departamento no tiene para más) y confeti (hecho con los trabajos de alumnos que se leyó por encima)*

En estos momentos, me gusta pensar en Alexander Fleming o en Marie Curie, en sus pequeños y sucios laboratorios haciendo ciencia; arriesgando, fallando y acertando en cada paso que daban, con algún que otro fallecido por el camino. ¿Imaginan eso hoy día? Me gusta pensar en Alexander Fleming, inyectando las primeras dosis de penicilina a Orvan Hess y Bumstead Juan, y apareciendo comités éticos, junto a la prensa, que no dejan de cuestionarse cada uno de sus pasos.

  • ¿Está seguro de que eso se puede probar en humanos? Quiero decir, ¿Va a inyectar un hongo? Puto asco, ¿no?
  • Y por no hablar de si sus resultados son generalizables. ¿Va a arriesgar vidas humanas?
  • ¿Y esa supuesta “vacuna” no será una forma de controlar la mente?
  • Eso, eso, ¿no querrá sacarnos nuestros secretos más profundos?
  • Si quiere saber secretos.¾ Susurra.¾ Yo creo que éste copió en un examen de la carrera.
  • ¡Dios mío! ¡Qué agotador! ¾ Grita Fleming e, instintivamente, tira la vacuna al suelo.

La ciencia se coge de la mano con la sociedad. Una sociedad que, hoy día, ve de la ciencia un negocio. Actualmente, nos encontramos en una situación de pandemia en la que grupos de todo el mundo han demostrado su potencial investigador. Hemos demostrado que somos capaces de salvar vidas, de hacer grandes cosas, pero la sociedad no para de rechazarlo. Nada es tan bueno como para ser real. ¿No? Además, tengo el apoyo indiscutible de este grupo de Facebook con personas que saben secretos de Estado y están dispuestos a publicarlos a cambios de un par de nudes.

Recuerden, cada vez que alguien dice que la vacuna del COVID19 es una farsa, un joven científico llora mientras prepara docencia online de calidad, corrige trabajos, tiene reuniones de departamento y olvida cómo era su vida antes de entregar su alma a la ciencia.

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