En tus manos

El mar. Masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie terrestre. Huella dactilar de la Tierra.

Curiosa molécula que, inevitablemente, tomó una forma líquida desencadenando una cadena de acontecimientos que influyó en el desarrollo y mantenimiento de toda una forma de vida.

Su sonido, el de las olas rompiendo sobre la costa o el simple movimiento es objeto de pensamientos y narraciones. Es deseo y terror.

Siendo el mar la extensión acuosa tan importante, ¿Qué clase de poder tiene esta raza sobre el dominio del majestuoso Neptuno?

Inmensidad para unos ojos infantes y sentina para unos adultos. Ojos que no ven, corazón que no siente. Son nuestros los ojos, pero es el corazón de La Madre Naturaleza.

Te presento esta hermosa fotografía tomada y editada por @akris.photography.
Las manos son un símbolo de la unión y apoyo mutuo entre el ser humano y el mar. Así, es tan necesario el mar para nosotros como el mar nos necesita, siendo esta necesidad la de atenderlo y cuidarlo para que no se convierta en una alcantarilla.
Un curioso símbolo en esta fotografía es la decisión de la autora de elegir una ballena como personificación del mar. En este caso concreto es esencial recalcar que la autora es una experta y siente una especial pasión por cetáceos. En la actualidad, la ballena azul es el mamífero más grande con vida que se conozca. La ballena es representada con una majestuosidad que aterra. Siendo una criatura reconocida como pacífica y flemática, su colosal tamaño recuerda que la raza humana es una ínfima parte de la totalidad. En la fotografía, el cetáceo está saliendo del agua recordando la impresión de su poder al resurgir del mar. Referenciando las palabras del médico sueco Carl Gustav Jung, éste sería el subconsciente colectivo que resurge del más profundo océano de la inconsciencia.

Cada vez es más evidente el impacto de la especie humana sobre el mar. Dicho perjuicio actúa cual boomerang recordando que todo acto tiene su consecuencia y que ojos que no ven, corazón sí siente.

En palabras de la autora: Su destino está en tus manos, ¿las protegerías?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *